miércoles, 4 de octubre de 2017

Mi viejo

MI VIEJO

Mi viejo es la breve admiración
que duró lo que mi infancia
una desconfianza adolescente
y después
desde hace un tifón de años
este amable desencuentro.

Es la rabia de recordarlo cantando
feliz
como si supiera.
Mi envidia por su labia capaz de vender
helados en el desierto.
Su falta absoluta de pudor
que es la otra cara
de esta timidez
que disfracé de osadía
y ya no sé como quitarme.

No soy justo con él.
Sé que ha sido un hombre bueno
que intentó ser un buen padre a su manera
también un buen abuelo
y un buen marido para sus mujeres.�

Cuando los dos aun éramos jóvenes
renunció a tratar de entenderme
y yo a necesitar que me entendiera.

Alguna fuente oficial malinformada
dirá que aún estamos a tiempo
de decirnos todo esto.

Pero mi viejo y yo siempre supimos
que para nosotros era tarde
cuando todavía era temprano.

Somos dos charlatanes que no se hablan casi nunca.

Mientras escribo esto
mi viejo sigue vivo
o eso creo.
En 11.000 kilómetros
caben todas las noticias puntiagudas
que vendrán a apuñalarme
un día cualquiera.

Mi viejo y yo
tenemos tanto en común
como un viandante y un astronauta.�
Pero yo no descubrí ninguna estrella.
Y él
por lo que sé
pasea cada vez un poco menos.

Mi viejo
es ese tipo
al que me voy pareciendo
cuando me miro
con la luz apagada
en los espejos.�

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