(otro añejo, de "Foto borrosa con mochila")
Si muero antes de tiempo
de mi tiempo
-que será en domingo
sólo para fastidiar a los amigos-
que alguien se encargue de mi cuentas
que el hígado lo donen a la ciencia
y hagan con los poemas
papiroflexia.
Pero como me iré sin previo aviso
o sin reconocer avisos previos
ruego que alguien termine ciertos cuentos
y busque un sobre con el final de mis novelas
eternas inconclusas
seguramente inéditas.
Que le digan a mi padre que lo quiero
y a mis hijos que mejor no pude hacerlo
a Ella no le digan que estoy muerto
sólo más distraído menos despierto.
Y por favor suplico algún respeto
para este domicilio de mi cuerpo
no lo quiero enterrado ni a cubierto
soy un pésimo abono estoy seguro
y detesto los nichos- casillero.
Tampoco creo en dioses
y si muero antes de tiempo
que no les den trabajo por mi alma
que ni ellos existen ni yo tengo.
Y ya que lo de irme en un polvo
sería necrofilia a esas alturas
que me quemen y polucionen otro poco
el cielo al fin y al cabo sólo es humo
y yo seré un esmog muy educado.
Y las cenizas que siempre voy dejando
serán entonces residuo y testimonio
que las echen al océano y si estoy lejos
-siempre lo digo y nadie me toma en serio-
que desde un inodoro me despidan
y tiren sin dudar de la cadena
para llegar al mar
me las arreglo.
Me va a sobrar el tiempo.
martes, 19 de febrero de 2008
Para cruzar un charco
(Tan viejo que casi me provoca ternura)
Hay que saberse el charco
temerle tempestades
dibujarle el contorno
y no pensar jamás
en sus profundidades.
Teólogos que abundan
de la charqueología
afirman que rodearlos
es más limpio y correcto
pero callan
por antiguas cobardías
que un charco no es un charco
sin el salto y el riesgo.
Tampoco valen puentes
ni cuerdas
ni tablones
que un charco que se precie
no admite condiciones.
Si acaso y sólo a veces
un sendero de piedras inseguras
en el que cada paso
es una duda.
De modo que cruzar un charco
no es una ciencia exacta
ni es un deporte olímpico
ni un hobby para yupis.
No hay nada en Internet
ni en tertulias de radio.
Lo ignoran
-como no-
los gobernantes.
Y es que cruzar un charco
to be or not to be
sigue siendo algo que se hace
o no se hace
Que usted lo salte bien.
Hay que saberse el charco
temerle tempestades
dibujarle el contorno
y no pensar jamás
en sus profundidades.
Teólogos que abundan
de la charqueología
afirman que rodearlos
es más limpio y correcto
pero callan
por antiguas cobardías
que un charco no es un charco
sin el salto y el riesgo.
Tampoco valen puentes
ni cuerdas
ni tablones
que un charco que se precie
no admite condiciones.
Si acaso y sólo a veces
un sendero de piedras inseguras
en el que cada paso
es una duda.
De modo que cruzar un charco
no es una ciencia exacta
ni es un deporte olímpico
ni un hobby para yupis.
No hay nada en Internet
ni en tertulias de radio.
Lo ignoran
-como no-
los gobernantes.
Y es que cruzar un charco
to be or not to be
sigue siendo algo que se hace
o no se hace
Que usted lo salte bien.
domingo, 10 de febrero de 2008
Se viene MATAR Y GUARDAR LA ROPA, RAYOS X sigue en el banquillo, por ahora
Me explico fatal. Y con resaca, peor.
El caso es que hace unos días publiqué el arranque de la novela inédita
RAYOS X, y unos cuántos amigos (después de todo, tenía),
creyeron que era la nueva novela que publico
en SALTO DE PAGINA
en mayo, si todo sale según lo previsto.
Y no es.
RAYOS X es algo así como una novela pseudobiográfica
que he tardado 2o años en escribir,de a saltos en mi tiempo
y en el del protagonista, un niño gilipollas (léase boludo en el original),
que de todos los poderes de Súperman, el único que envidiaba
era la visión de Rayos X.
Para ver lo oculto, y para verle las bragas a las niñas.
Escrita en capítulos que espían escenas del niño imbécil
en diferentes edades, desde los tres a los diecisíes años,
he leído varios de ellos en el BUKOWSKI
y en algún otro sitio en el que, por error o descuido, me han invitado a leer.
RAYOS X seguirá esperando, de momento, su momento.
La nueva, la que verá la luz en mayo (cruzo los dedos),
se llama MATAR Y GUARDAR LA ROPA,
y no cuento todavía de qué va, que si no luego no la compran.
Lo que sí está claro es que, entre las dedicatorias,
habrá una muy especial,
a toda la gloriosa pandilla de tarados del Bukowski club.
Y el epílogo lo abrirá un trozo de un poema gentilmente cedido por Victor Sierra.
No obstante, pro si alguien se quedó con mono, más abajo
va el segundo capítulo de RAYOS X.
Lo que sobra
Ahora que todo
ha quedado en nada
me sobran los dedos que hasta hace poco se turnaban
para buscarte resortes y cosquillas en la compleja maquinaria
que ocultas entre las piernas
Ahora que todo
ha quedado en nada
mi boca sólo sirve para boquear besando al aire del cigarro
o masticar alguno de tus platos favoritos
como si te masticara
Y no es lo mismo.
Ahora que todo
ha quedado en nada
mi sexo se convierte en un absurdo artilugio para mear
llorando
una molestia que me impide dormir de lado
un polo de ceniza y fresa
un tizón helado
Ahora que todo
ha quedado en nada
los poemas que escribo me suenan a declaración de la renta
y en cada verso me defraudo
y en cada verso te desgravo
intento la venganza de un soneto
pero siempre me rima con “afrenta”
y todas las palabras se me deshacen entre los verbos
Ahora que todo
ha quedado en nada
mis ojos son tajos en la cara
que froto contra la pantalla de la tele
o en tu inolvidable sonrisa que se burla en cada foto.
Ahora que todo
ha quedado en nada
me sobra todo.
O tal vez no.
Creo que no.
Seguro que no.
No me sobran ni los dedos ni la boca ni los versos
ni los ojos ni la polla.
Me sobras tú.
Por eso me pido otra cerveza
y espero ver entrar por esa puerta
a la mujer
que te borre para siempre
esa jodida sonrisa
de las fotos.
ha quedado en nada
me sobran los dedos que hasta hace poco se turnaban
para buscarte resortes y cosquillas en la compleja maquinaria
que ocultas entre las piernas
Ahora que todo
ha quedado en nada
mi boca sólo sirve para boquear besando al aire del cigarro
o masticar alguno de tus platos favoritos
como si te masticara
Y no es lo mismo.
Ahora que todo
ha quedado en nada
mi sexo se convierte en un absurdo artilugio para mear
llorando
una molestia que me impide dormir de lado
un polo de ceniza y fresa
un tizón helado
Ahora que todo
ha quedado en nada
los poemas que escribo me suenan a declaración de la renta
y en cada verso me defraudo
y en cada verso te desgravo
intento la venganza de un soneto
pero siempre me rima con “afrenta”
y todas las palabras se me deshacen entre los verbos
Ahora que todo
ha quedado en nada
mis ojos son tajos en la cara
que froto contra la pantalla de la tele
o en tu inolvidable sonrisa que se burla en cada foto.
Ahora que todo
ha quedado en nada
me sobra todo.
O tal vez no.
Creo que no.
Seguro que no.
No me sobran ni los dedos ni la boca ni los versos
ni los ojos ni la polla.
Me sobras tú.
Por eso me pido otra cerveza
y espero ver entrar por esa puerta
a la mujer
que te borre para siempre
esa jodida sonrisa
de las fotos.
Lo que queda
Me rompí los ligamentos
cruzados
del pié izquierdo
tratando de ganar
un campeonato de karate que mi importaba una mierda
de no ser por la rubia
del cinturón amarillo
que al final se fue con otro
que no ganó ni nada
pero tençia moto.
Me rompí el hueso del nudillo pequeño
por no romper una puerta
y no romperle la cara a Sandra
que había dejado de quereme
y ella no lo sabía
todavía
mientras ganábamos el mundial del 86.
Me rompí los mismos ligamentos
cruzados
del pié izquierdo
(y uno más)
al saltar al pavimento
desde una camioneta
la segunda vez que volví a la Patagonia
en busca de una juventud que había perdido
y no lo sabía
todavía.
Me rompo los pulmones fumando
lo que nunca digo
me rompo el hígado lavando surcos
en la arena de la que siempre estuve hecho
me rompo en los bostezos
en las menitras que me quiebran
en las esquinas que ya no me esperan.
Lo triste de volverse viejo
me digo algunos días
es que sólo sé que sigo vivo
cuando palpo el borde
de mis heridas.
cruzados
del pié izquierdo
tratando de ganar
un campeonato de karate que mi importaba una mierda
de no ser por la rubia
del cinturón amarillo
que al final se fue con otro
que no ganó ni nada
pero tençia moto.
Me rompí el hueso del nudillo pequeño
por no romper una puerta
y no romperle la cara a Sandra
que había dejado de quereme
y ella no lo sabía
todavía
mientras ganábamos el mundial del 86.
Me rompí los mismos ligamentos
cruzados
del pié izquierdo
(y uno más)
al saltar al pavimento
desde una camioneta
la segunda vez que volví a la Patagonia
en busca de una juventud que había perdido
y no lo sabía
todavía.
Me rompo los pulmones fumando
lo que nunca digo
me rompo el hígado lavando surcos
en la arena de la que siempre estuve hecho
me rompo en los bostezos
en las menitras que me quiebran
en las esquinas que ya no me esperan.
Lo triste de volverse viejo
me digo algunos días
es que sólo sé que sigo vivo
cuando palpo el borde
de mis heridas.
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