lunes, 19 de febrero de 2007

Oficio y beneficio



He sido
un mal comerciante a pesar de mis ancestros
fui vendedor de sábanas a domicilio
en discretas casas de putas
había sábanas doradas con palomas y crepúsculos
sábanas azules con olas y gaviotas
sábanas verdes con selva y loros
y un tigre oculto en el follaje
y las putas compraban y compraban
y alguna exigía que estuvieran probadas
(no fueron tantas)
y mis jefes se asombraban del volumen de mis ventas.

También fui vendedor de novelas baratas
de enciclopedias falsificadas
de desinfecciones contra las cucarachas
con un líquido famoso americano
que era agua coloreada y nada más
pero yo tocaba el timbre con mi mejor corbata
la dueña de casa decía que le recordaba a su hijo
y yo vendía el servicio
para que mis compañeros disfrazados de astronautas
bañaran las cucarachas de líquido famoso
y coloreado.
Fui peón de albañil un mal peón
(tampoco he servido para jefe)
fui camarero en bares poco recomendables
y hoteles de lujo cinco estrellas
con las mismas cucarachas de inquilinas
jugando al póker en los azulejos de la cocina.

Fui disc jockey bebedor irresponsable
otra vez un pésimo comerciante
(perdón papá)
y librero siempre regalando libros
pizzero reinventando variedades
locutor con tos tabaco negro
guionista de la tele redactor publicitario
peón de almacén un mal peón
(tampoco he servido para jefe)
Fui vendedor de discos detestables y de los otros
jefe de vendedores de discos detestables
gerente de una cadena de casas de discos detestables
y otra vez desempleado.

Fui operario aturdido en una fábrica
más o menos clandestina
de envases de plástico transparente
y había que ser malabarista
para recogerlos cuando la máquina los escupía
y tener cuidado con la guillotina
y respirar partículas de plástico flotante
y comer plástico minúsculo
y frotarte con cuidado en la ducha
para no cortarte con cristales de plástico.


Tuve un quiosco de prensa y lo perdí
tuve otro y no recuerdo lo que hice
tuve una revista de protesta
y ni siquiera me la clausuraron
fui periodista y nadie me compró
(lo peor es que ni el precio preguntaron)
artesano de collares y pendientes
hechos a mano
tapices pulseras y carteras
hechos a mano
llaveros bolsos y colgantes
hechos a mano
y me salieron ampollas en las manos.

Fui carpintero aprendiz de corte oblicuo
y ayudé a un tipo a encontrar dos de los tres dedos
que la sierra le rebanó en un descuido.
Fui encargado de noche en un hotel de fracasados
y pasaba las horas en el charco de una lámpara
escribiendo poemas estudiando
y fabricando collares y pulseras
que las putas hacían comprar a sus clientes
y me devolvían al salir con más ojeras
para volver a comprarlas otra vez.
(ahora que lo pienso
he conocido más personas decentes
entre putas y travestis
que entre personas “decentes”)
Fui mantenido por mujeres
muy poco tiempo
no llegué a ser un chulo
( ya he dicho que no sirvo para jefe)
y me bebí la existencias de una boite
de la que fui por unos días el gerente
(está visto que no sirvo para jefe).
Se me mezclan en el orden los oficios
algunos fueron antes y otros son todavía
los hay tan breves que no ocupan el recuerdo
lavaplatos escritor sin firma soldado a la fuerza
taxista por tres días y cuatro multas
-repartidor de folletos no lo cuento
porque los dejé en la papelera-
ladrón de gallinas con talento
el mío no el de las aves que eran bobas
y caían ante el ingenio de mi método.
Fui avisador de falsas redadas policiales
en un bar en el que jugaban por dinero
y vendedor de condones robados
que no usados
(hasta yo tenía mis principios)
y de rifas a mi propio beneficio
era el más necesitado.
También fui casi socio
de un casi suegro que se detuvo a tiempo
(en realidad lo hizo su hija
que se fue con un teniente)
y nos ahorró a los dos
-su padre y yo-
un matrimonio y un mal negocio
que sería para el teniente
(no se detuvo a tiempo).

Me asombra
porque siempre he sido un vago
cada vez que paso lista a mis trabajos
y al comenzar esta noche el requisito
de un currículum que nadie leerá
(todo está decidido de antemano)
no pude resistirme a la verdad más que variada
de mi vida laboral hasta la fecha
mañana más sensato lo intentaré de nuevo
con datos académicos
fechas
certificados
y las mentiras de rigor
que son verdades a medias bien escritas.
Pero omitiré por pura cobardía
al definir mi perfil de gran promesa
la única verdad incuestionable:
que nunca he servido para jefe.

3 comentarios:

Edryas dijo...

Este poema me recuerda un poco a la respuesta que doy cuando alguien, abriendo la caja de Pandora, me pregunta a qué me dedico. Creo que no es y nunca será una sóla cosa.

marcelo dijo...

Carlos querido: gracias por el enlace. Por regalarme a Evita Duarte besando la ventana de una tan probable pensión.
Ya sabés que de chico iba de vacaciones a Pinamar (cuando ir a Pinamar no era cosa de pijos sino de personas cansadas del estrés porteño).

Matilde Selva dijo...

Bienvenido al club, Carlos.
Yo tuve tantos empleos ni tan variados, pero también tuve mis experiencias. Quizás algún día me decida a contarlas en poemas si poseo esa acidez e ironía que tú les imprimes a los tuyos.

Un abrazo