miércoles, 14 de septiembre de 2016

Debo dejar el descafeinado.

A veces
los sueños no alcanzan
y por eso los escribo.

A veces
envidio a mis personajes
porque tienen un dios al que culpar de sus errores.

A veces
despierto y no quiero
porque ya sé
lo que no voy a ver.

A veces
desayuno corrigiendo
mis novelas
porque a mí
no me puedo corregir.

A veces
lloro café.