martes, 27 de noviembre de 2007

(De la ventaja de tener amigos... que leen)

(Publicado por Guillermo Roz en El Periodista Digital)

Carlos Salem (Buenos Aires, 1959) es un escritor atorrante y su novela un delirio con pequeños delirios dentro. Qué más se puede pedir a un escritor y qué más a una novela. Quizás calidad; pues de eso sobra.Camino de ida (Ed. Salto de Página, 2007), es sin ninguna duda una de las más gratificantes noticias de la narrativa publicada en España en el último año, y por muchos motivos. El primero es la importancia de que salga a la luz un autor con una curiosa y rica biografía multiprofesional (“creativo publicitario, conserje de hotel, guionista y locutor de radio, maestro pizzero, taxista, y vendedor a domicilio deproductos desinfectantes contra cucarachas”, además de periodista y poeta, según su propia reseña de vida) y el resto de motivos, dejando de lado el dominio de los recursos literarios que muestra el argentino como prometiéndonos un porvenir casi asegurado, tienen que ver exclusivamente con la lectura de la novela.La mujer de Octavio Rincón se muere durante unas vacaciones y a él es lo mejor que le puede pasar. Rincón, el protagonista, desde ese momento se irá divirtiendo y angustiando en un camino de ida, en una aventura con la dinámica ansiosa de un juego de muñecas rusas, con el ritmo enloquecido y musical de una road movie y una comedia de enredos, pero en un paisaje narrativo donde el lector nunca pierde el hilo de la aparición incesante de los personajes y las escenas trastornadas por las que Rincón debe pasar como por un aro de fuego (encuentro con Soldati, empresario argentino, embaucador y ex guerrillero; la insistente compañía de una nube surrealista; un hippie llamado Charly que dice ser Carlos Gardel y que tiene la obsesión de matar a Julio Iglesias).Las dos grandes aportaciones que Salem hace con esta novela son, en primera medida, la de ofrecer una historia divertida, pero muy bien escrita, e inteligente, pero sin pretensiones innecesarias; y la segunda, la de esbozar, con voluntad o sin ella, la teoría de que la vida es un camino de ida, colocando en momentos de la novela, grageas filosóficas antológicas, en la boca de personajes que parecen perdidos pero que deambulan como especies de sombras enloquecidas, pero vivas, dulces, entrañables.

1 comentario:

pepeltenso dijo...

de aquí a Best Seller, te lo digo yo jejeje, enhorabuena.