Este lo leo que cada vez que puedo. No es un gran poema, pero a veces necesitas explicarte por qué no te arrojaste bajo aquél tren. Funciona. Aunuque hay más trenes, claro.)
Siempre ha sido así
así de complejo y brillante
por momentos.
Siempre a dos milímetros del tren que me convenía
abordar
el que veía partir desde el andén
o más tarde intentaba correr delante de él.
No sé cómo habrá sido para ti
y tampoco me importa demasiado
cada uno tiene su propio mapa
pero el mío lo cambié hace mucho
por una peonza con el eje torcido
y un puñado de hojas secas
y crujientes.
Siempre ha sido así
así de estéril y selvático
al mismo tiempo.
Siempre y desde muy temprano
con el ingenuo cinismo de saber que el sueño
que hoy montaba
mañana me parecería un corcel de bronce
o yeso.
Siempre ha sido así
así de tristemente eufórico
y caliente.
Siempre acostándome con las palabras en defensa propia
malcriado por mis coartadas de papel
poniéndoles los cuernos
con la vida
pero volviendo siempre a su cama conocida
y sin pedir perdón.
No sé cómo habrá sido para ti
que escribes robándole horas a la noche
o sueñas con tener tu propio castillo
como la pava que se inventó lo de harry potter.
Tampoco me importa demasiado
cada uno lleva a la espalda
su propia mochila maloliente
y a la mía no le queda mucho espacio.
Y es que siempre ha sido así
así de llano y escarpado
sin barandillas
siempre escalando cuesta abajo
dejando libre mi lugar precisamente meses antes
de empezar a cosechar lo que había sembrado
y sin fertilizar más que lo necesario.
No sé cómo habrá sido para ti
y tampoco me importa demasiado
cada uno se cubre con su propia manta
del olvido
y como m dijo una noche
borracho
mi amigo
gonzalo torrente malvido
"tú escribes
cabrón
por que no te aguantas
a ti mismo".
No sé como habrá sido para ti
y tampoco me importa demasiado
yo sigo por aquí
y siempre ha sido así
duro
pero feliz
como un jodido salmón
que necesita nadar contra corriente
para sentirse vivo
mientras pueda.
Siempre ha sido así
y no he aprendido otra manera
ni me importa que exista
la póliza de seguros contra el miedo a uno mismo.
Que seas feliz
si puedes.
y mientras tanto
si dices que quieres escribir
escribe
y no me toques los cojones.-
sábado, 13 de enero de 2007
viernes, 12 de enero de 2007
Estaciones
El sol de bote del invierno si transparenta las bragas de las nubes
/es una maravilla
la lluvia que bautiza a perdigones los cristales de mis gafas
/es una maravilla
la insurrección de tus pezones contra el frío
que le enseñan el braile a cualquier tela
/es una maravilla
una flor de primavera si es más que un manojo de lágrimas de plástico
/es una maravilla
el amor inocente de los otros /es una maravilla
las resacas ligeras como párpados /son una maravilla
las faldas de las muchachas en verano con esa vocación de servilletas
o de mantel individual que augura un buen bocado
/son una maravilla
usar las noches como días mejorados de penumbra
/es una maravilla
dormir en un portal la borrachera de algún amor casual
y despertar sin que te hayan atracado
/es una maravilla
diagnosticar la radiografía del otoño analizando el esqueleto de los árboles
/es una maravilla
sentir nostalgia de lo que aún no has conocido
/es una maravilla
la balada para un loco de piazzolla cantada por valeria
en la recoba a las seis de la mañana
/es una maravilla.
Ahora que el invierno ha regresado
y acecha como un oso entre la nieve
y las gripes se disponen a tejer en mi piel el encaje de las fiebres
ahora que a veces creo
que este invierno puede ser mi último invierno
me encantaría cruzar el lago helado lavándome de las premoniciones
y ser capaz de llegar vivo
a la otra orilla
para volver a empezar a transitar mis estaciones.
Si lo consigo
/será una maravilla
Horas de vuelo
Empecé a preocuparme seriamente
por la muerte
la semana en que empezó a salirme pelo
en los cojones.
Me refiero a pelo de verdad
y no la pelusa adolescente de hasta entonces.
Con mis amigos hablábamos todas las noches
de la muerte
y yo pensaba con razón que donde hay pelo
si vives lo suficiente
acaban por brotar las canas
como las flores blancas
de la muerte.
Luego caí en la cuenta de que era del todo imposible
que yo llegara vivo a los 50
y dejé preocuparme por las canas.
Quedaba el otro miedo
el miedo enorme a una enfermedad incurable
con su lento desguace y su reloj de arena.
Y un domingo a las seis de la mañana
nadando entre cerveza
les dije a mis amigos
que si algún día me detectaban una muerte lenta
alquilaría una avioneta
la elevaría hasta romper las nubes
y la dejaría caer contra el hotel sol del comahue
en el que se daba cita la aristocracia local
de mi pequeña y patagónica ciudad
y buena parte de las niñas
rubias ricas
que no me hacían ni puto caso.
Mis amigos festejaron la ocurrencia
hasta que comprendieron que estaba hablando en serio
y dejaron de hablar de la muerte
para empezar a hablar de gabriela
una morena que venía a ser lo mismo.
Simulé olvidarme del asunto
pero durante años me revisaba atentamente
los cojones
y antes de cumplir los veinte
me reconcilié con mi viejo para que me pagara
un curso de pilotar avionetas.
El instructor era un tipo bajito y amable
que acumulaba una montaña de trofeos
y algo así como 6000 horas de vuelo en su carné
pero a pesar de ese historial
como no había hecho la carrera militar
el único puesto al que podía aspirar
era el de azafato en una línea comercial.
En lugar de eso cruzó el país
para enseñarnos a volar
en un pequeño aeroclub de mi pequeña ciudad.
Vivía en el mismo hangar en que dormían los aviones
y yo llegaba casi al alba con pasteles
y hacíamos café antes de ponernos a limpiar
la pipper de metal madera y tela del año 39.
Él siempre hablaba del cercano día
en que su mujer y su pequeña hija llegarían
para vivir con él en una pequeña
y bonita casa
con jardín.
Y algunas veces hasta yo me lo creía.
Pero sólo algunas veces.
Cuando empezamos a volar de verdad
la primera vez
apunté con el morro de la pipper
al perfil altivo del hotel sol del comahue
y me sentí mucho mejor.
Cuando bajamos me dijo el instructor
que yo servía para aquello
pero si no quería seguir la carrera militar
lo que tenía que hacer era acumular
horas de vuelo.
Acabaron las clases y solía verlo
en alguno de los bares
en los que yo acumulaba horas de vuelo
y una noche borracho confesó
que su pequeña mujer lo había abandonado.
Luego no lo ví más y supe que se marchó de la ciudad.
Después, mi vida fue resbalando cuesta arriba
había tanto que hacer:
una revolución que parecía posible
tres o cuatro amores imposibles
los cuentos los poemas las novelas.
Ocurre más o menos así:
La vida te va viviendo
y tú la bebes
y en ese trago se agotan las botellas.
Un día aterricé en este país
en el que la gente reía con el mismo acento
que mi abuelo
y me sentí uno más
y empecé a saltar como una ficha de parchís
de ciudad en ciudad
acumulando horas de vuelo.
Supongo que no puedo quejarme
los poemas y los cuentos siguen ocurriendo
el amor también ocurre todavía
las novelas esperan su momento
de la revolución mejor no hablemos
me temo que hablamos demasiado
y no hicimos casi nada.
Hace unos años adquirí la higiénica costumbre
de afeitarme periódicamente los cojones
pero como soy un descuidado
lo olvido durante meses
y luego me toca hacerlo sin mirar
tiene su mérito.
Levo cinco años soportando unas molestias
en la tripa
que calmo tomando cada día
unas pastillas que un médico piadoso
me recetó para usar dos semanas como máximo.
Y siempre me las apaño para dejar pasar el turno
de esos análisis urgentes
que mi doctora me ordena cuando la asusto
y la seguridad me concede para seis meses después.
Lo malo es que hace poco desperté con la certeza
de que por estas fechas más o menos
mi antiguo instructor de vuelo
se habrá jubilado de azafato en una línea comercial
y le habrán dedicado un pequeño y emotivo acto
para regalarle un reloj bañado en oro
antes de mandarlo para siempre a mirar el cielo
con su pequeña mujer
en su pequeña y bonita casa con jardín.
También caí en la cuenta de que me faltan
unos tres años para cumplir los cincuenta
y entre las piernas siento un cansancio de cana.
Así que pido mil perdones
por interrumpir aquí este anteproyecto de poema:
tengo que ir a revisarme los cojones
y de paso
averigüar a cuánto cuenta en estos tiempos
el alquiler de una avioneta.-
miércoles, 10 de enero de 2007
Retratos alcohólicos/ Flora y Fauna del BuKOWSKI CLUB
Vamos, que a Igor heras, ilustrador de (pero no con) fortuna, le ha dado por dibujar lo indibujable y además de memoria. Más difícil todavía, señora, porque ya es jodido dibujar asi y sin chuleta a gente a la que -en muchos casos, sólo has visto una cuantas veces. Pero hacerlo con los ciegos que son habituales en la casa, tiene más mérito todavía.
Y lo importante, el tío sabe. Que no te despiste esa carita de bueno, yo hago lo que me sale... y va y se sale.
Servidor, en general,tiene cierta manía a la caricatura como género, acaso porque los espejos me brindan una diario y con poca gracia. Pero Igor consigue darle un toque de arte el muy cabrón...
Total, que para joderle un poco la perfección del asunto, me he colado para agregarle un perfil a cada personaje. No esperes demasiado, que al lado de los dibujos de este capullo, sobran las palabras.
En todo caso, empezamos con:
Gonzalo Torrente Malvido
Cara de ave de paso
de presa
y polizón
de una flota de cuentos que flotan
ligón impenitente
escritor en capilla
buscador de diamantes bajo faldas tableadas
agente secreto de un tal Conrad
embajador de Stevenson
infante de Discépolo
prisionero de Borges…
Si le apetece,
Gonzalo,
el malvado Malvido,
engaña a su única mujer,
su eterna novia,
la que más ha querido,
una tal Literatura, rubia de bote
y se desliza por una bossa nova
capaz de sacudir el tanga
a la mulata de culo más leído.
Pero luego volverá
a meterle mano a la novela
a desayunar con cava y cenar con colacao
persiguiendo muchachas y relatos
cabeza gacha sin sombra de recato sin el menor pudor pecador irredento
porque Gonzalo sabe
y siempre supo
que la vida es puro cuento.
de una flota de cuentos que flotan
ligón impenitente
escritor en capilla
buscador de diamantes bajo faldas tableadas
agente secreto de un tal Conrad
embajador de Stevenson
infante de Discépolo
prisionero de Borges…
Si le apetece,
Gonzalo,
el malvado Malvido,
engaña a su única mujer,
su eterna novia,
la que más ha querido,
una tal Literatura, rubia de bote
y se desliza por una bossa nova
capaz de sacudir el tanga
a la mulata de culo más leído.
Pero luego volverá
a meterle mano a la novela
a desayunar con cava y cenar con colacao
persiguiendo muchachas y relatos
cabeza gacha sin sombra de recato sin el menor pudor pecador irredento
porque Gonzalo sabe
y siempre supo
que la vida es puro cuento.
lunes, 8 de enero de 2007
Apuntes para una breve historia del artisteo, I
(Para Silvi & Patty)
En el principio no fue el verbo, sino el gruñido.
Los humanos vivíamos en cuevas, no nos lavábamos demasiado, y sólo pensábamos en comer, cagar y follar. Como ahora, pero sin DVD.
Gruñir bastaba para comunicarse, porque no había mucho que decir: miedo, rabia, dolor, y una pregunta interminable que nadie se hacía "¿Qué coño hacemos en este mundo lleno de mamuts y sin ningún bar a la vista?"
Estaban demasiado ocupados en sobrevivir como para andar con dudas.
El mamut no duda. El cazador, sí, pero sólo una vez.
El cazador, digamos que se llamaba Grok, solía ser el más fuerte de la cueva, traía la comida y en recompensa, le tocaba siempre el mejor trozo de carne de mamut y el mejor trozo de entrepierna de Ñam, la buenorra de la cueva, la de las tetas más grandes, la mejor reproductora.
El resto de los habitantes de la cueva tenían una utilidad más o menos difusa, pero basada en:
a) hacerle la pelota a Grok para que les siguiera dando carne
b) buscar alguna utilidad aparente (mascar cuero para ablandarlo, guarradas así.)
El caso era encajar de alguna manera y hacerle la pelota Grok.
En esa cuva había un enclenque, un canijo cavernícola que digamos de llamaba Puajj.
Daba asquito verlo: poco pelo en la cara, los ojos saltones, siempre pensando en otra cosa. Puajj no hacía nada de utilidad (le daba alergia mascar cuero, supongo), y apenas le hacía la pelota a Grok.
A puaj le gustaba Ñam. Mucho. Todos los atardeceres, se subía a una piedra alta fuera de la cueva y se la meneaba a las luz del crepúsculo pensando en Ñam. También lo hacía al amanecer. Y a la hora de la siesta. Digamos que Puajj se pasaba el día meneándosela a cuenta de la tetona Ñam, que no le hacía el menor caso.
Como Puajj no hacía nada útil ni le hacía la pelota a Grok, comía poco, las sobras de las sobras del mamut, y aunque un mamut de buen tamaño cunde lo suyo, a él le tocaba lo justo para sobrevivir.
Puede que esa combinación de factores (comer poco y meneársela constantemente) llevara a Puajj a preguntarse por qué él era diferente, por qué Grok se comía la mejor pechuga de mamut y la mejor pechuga de la cueva y por qué Puajj no.
Desde su piedra, entre paja y paja, Puajj observaba todo: las cacerías, las carreras de las bestias, los cambios de las estaciones, a Ñam lavándose el chocho en el río (pausa para nuevo meneo), y acaso de tanto ver y preguntarse, se quiso responder y no tenía palabras. Pero tenía una piedra que manchaba. Y una cueva sin decorar.
Dibujó las palabras que no tenía: el mamut que le gustaría cazar, al cabrón de Grok (y lo dibujó delgado, hecho de palitos), las tetas de Ñam. dibujó lo que no tenía, dibujó su pregunta sobre una diferencia que no le había pedido a nadie y luego se durmió.
Puede que antes se la meneara, pensado en Ñam.
De lo que ocurrió luego, se pueden elaborar varias hipótesis, pero el resultado es el mismo.
Acaso Grok, al ver los dibujos, los tomó como un homenaje. Acaso Ñam se fijara por primera vez en el enclenque de la cueva, que había hecho algo diferente a los demás. Acaso le dieron a Puajj de hostias por haber manchado las paredes.
Pero algo cambió. Si Grok cazaba, ¿cómo saber que no era gracias a los garabatos de Puajj. Y si no cazaba, también. Si volvía vivo de sus andanzas, era por los dibujos de Puajj. Y si se lo merendaba un bicho, también.
Puajj por fin tenía una función en la caverna, aunque ni siquiera él sabía cuál era. Pero molaba. Los mismos que antes escupían a su paso, ahora lo miraban de otro modo. Su jodida diferencia empezó a dar dividendos. Los primeros derechos de autor de la historia fueron un buen filete de mamut y un buen filete de Ñam.
Es probable que le preguntaran a Puajj qué significaban esos dibujos, y que Puajj mintiera, como todo artista, como el primer artista, al fin y al cabo.
Pero os apuesto la mano izquierda, chicas, a que nadie le preguntó POR QUE los habia hecho.
Otro día hablaremos de lo hicieron los decendientes de Puajj, el enclenque, como esa pregunta vital y de cómo se convirtieron en sacerdotes cabrones, carceleros de los conocimientos vendidos al mejor postor.
Entre tanto, recordad a Puajj, el enclenque, el primer artista. Soñad, haceros preguntas.
Y no dejéis de menearosla.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
