miércoles, 1 de agosto de 2012

Así da gusto perder




Hay gente que piensa que en los últimos cinco años, desde que comencé a publicar, he tenido mucha suerte y he ganado demasiados premios. Admito lo primero, aunque nunca sabré si lo merezco. En cuanto a lo segundo, acaso por la suerte antes mencionada, lo cierto es que en este tiempo he estado nominado para varios premios y he ganado unos cuantos. Y no es que uno se acostumbre o se sienta con derecho a ellos. Pero a mí, como a mi admirado Raúl Argemí, "no me gusta perder ni a la bolita" (en España léase "canicas"). 
Hay muchas clases de premios, pero para un escritor creo que los más importantes son los "profesionales", es decir los concedidos por tus propios compañeros o por lectores experimentados. Ojo, que no tengo nada en contra de los premios dotados con un pastón, señores del Planeta y similares (cualquier cosita, búsquenme en Facebook, atiendo a todas horas), pero en los premios profesionales no suele pesar el número (siempre dudoso) de ventas, ni el poder de la editorial en que publicas, ni la amistad con unos u otros jurados. Como me enseñó Paco Ignacio Taibo II hace un par de años cuando tuve que ser jurado del premio Dashiel Hammett, "todos somos mas o menos amigos, y los que no lo son, lo serán; uno vota con el corazón de lector y con la cabeza de escritor",. 
Volviendo a lo de la suerte, mi quinta novela editada en España y la más reciente, Un jamón calibre 45, tuvo la fortuna de ser, hace escasas semanas, finalista de dos de esos premios que uno quiere ganas aunque sea una vez en la vida. 
Y si es más de una vez, mejor que mejor.
Por un lado el Premio Novelpol, concedido por la asociación de amigos de la novela negra, que ya gané en 2009 con Matar y guardar la ropa. Pero aunque digan que un rayo nunca cae dos veces en el mismo lugar, la esperanza es lo último que se pierde. (Y si no, que le pregunten a Rajoy sobre Aguirre). La lista de compañeros competidores era temible, como  suele serlo en estos casos, y la decisión del jurado recayó finalmente en El País de los ciegos, de Claudio Cerdán. Una novela de la que tuve acceso al original antes de que se publicara, y el gusto de escribir unas frases para la contra portada. Como decía antes, perder no me gusta ni a la bolita. Pero en este caso casi me alegré, porque además de ser un texto maduro y apasionante, en el que Claudio sigue y actualiza la senda de sus maestros, es un libro lleno de hallazgos y que servirá (reforzado por el NOVELPOL), para que se tenga más en cuenta a este joven autor que hace tiempo dejó atrás la categoría de amateur aventajado para demostrar, con su escritura, que es un profesional con todas las letras. Mucha atención a Cerdán, queda dicho.
El otro premio al que mi "jamón" era aspirante, es mi asignatura pendiente, el sueño de cualquier escritor de novela policial o aledaños en nuestra lengua. Me refiero al Dashiel Hammett que se entrega en la Semana Negra de Gijón. Ya en 2010 fui finalista con Pero sigo siendo el rey, y al repetirse el prodigio de la  nueva candidatura para la nueva novela (la competencia es tremenda), crucé los dedos durante semanas por si se producía el milagro. Y no saben ustedes lo difícil que es pillar un tercio de cerveza con los dedos cruzados. También aquí la selección era de las que echan para atrás. 
Finalmente, el premio fue para Las niñas perdidas, de Cristina Fallarás, mi querida colorada inconformista y aguerrida. Lo mismo que con la novela de Cerdán, había leído el original es sus primeras versiones y ya entonces detecté la fuerza y la rabia, pero sobre todo el manejo de las herramientas literarias con precisión de bisturí y tamaño de alfanje afilado.  En Las niñas perdidas, Fallarás  usa toda esa furia que la caracteriza, pero no permite que la emoción altere sus intenciones. Durísima pero necesaria, la novela habla de las miserias humanas que conviven con nosotros, y de un mundo sangriento y despiadado, paralelo al nuestro cotidiano y separado de él por unas pocas calles o a veces un delgado muro que la realidad puede romper a patadas cuando menos te lo esperas. 
Arriesgada como pocas, Cristina logra aquí, sin embargo, que ese riesgo sea el contrapeso ideal para su talento narrativo fuera de lo común, que no se reduce a los aspectos más llamativos de su discurso, ni mucho menos. Fallarás en estado puro e impuro, la seda envolviendo la navaja que corta el aliento. Y con todo, que nadie se asuste o tema encontrar un libro truculento. 
Es duro, como la vida misma. La que tenemos ahora o la que nos puede tocar dentro de tres ajustes económicos o un par de rescates. Y funciona tan bien que, pese a que la protagonista sea una detective mujer y embarazada, hasta un señor con pelo donde hay que tenerlo (en la cabeza no es indispensable, ya se sabe), llega a identificarse con ella. 
Y lo más importante, como lector, crea hábito. En este tiempo de adicciones, quien tenga mono de Fallarás después de leer Las niñas perdidas, puede calmarlo con esa breve obra maestra de la misma autora que es Últimos días en el puesto del Este, (ganadora también de un premio), aunque no se encuadre en el género negro. 
En resumen, que en estos días en que los lectores cuentan las monedas para llevarse a la playa (los que puedan ir, claro), algo bueno que leer, recomiendo tener en cuenta El País de los Ciegos, de Claudio Cerdán. y Las Niñas perdidas de Cristina Fallarás. Y si les da el presupuesto, también Un jamón calibre 45, coño, que por algo habrá estado como finalista en ambos premios.
Sirva este palabrerío para declarar que perder así, frente a compañeros de esta calidad, da gusto.
Pero  que no se acostumbren.

jueves, 19 de julio de 2012

Este país

Este país tiene piel de dinosaurio
y memoria de pez 
de pecera domestica y pequeña.
Exhibe sus tesoros en museos previo pago
y esconde a sus muertos en cunetas 
al costado de autovias de peaje
hacia el olvido.


En este país, en un tiempo de historieta,
nunca se puso el sol;
perdió el mejor color de su bandera
por miedo a decidir,
y una guerra justa
que aun no ha terminado.

Ese país se avergüenza de si mismo,
salvo cuando gana un mundial,
una eurocopa,
(mejor no hablar de Eurovisión),
mira hacia el costado
cuando sus hijos del sur
tocan la puerta,
y ejecuta reverencia cortesana
cuando el norte lo demanda.

Este país no cree en su pasado
y por eso confía a los mercados su futuro.
Escupe a sus parados,
niega a sus viejos,
apalea a los jóvenes de todas las edades,
y lo gobiernan los tontos del pueblo,
solemnes,
como solo saben serlo los orates.

Este país,
desde hace años,
es mi país.

Por eso
duele

lunes, 25 de junio de 2012

La leña al juego


La Leña al juego


Intento un poema para ti
en la mesa de un caffé de la Via San vicenzo, 
donde los genoveses pasean con la tensa calma
de quien ha pasado siglos
entre crisis y palazzos.

Escribo estos versos en el reverso
de los poemas que leeré para ti esta noche,
y empiezo por ultima pagina,
para acabar, quizás, por la primera
donde los miedos se esconden.

Ando sin gafas por la vida, yo
que siempre quiero verlo todo,
y estoy molesto, temeroso, en desacuerdo, 
borroso en los espejos,
sediento de deseos.

Necesitar es el verbo que mas odio,
pero cuanto necrsito que me necesites, 
que te falte un pedazo si estoy lejos, 
que me busques en un hueco de tu pecho y de tus ingles.

Puedo vivir sin ti si vivo al 10 por ciento,
puedo hacerme amigo de otras pieles, 
pero nunca ser su complice completo.
y me niego a morir sin concerte tanto por adentro, 
que me sigan sorprendiendo tus secretos.

Nunca vas a ser mia segun las convenciones
y lo entiendo,
pero mi piel no acata los decretos, 
mi mente quiere invadir tu mente,
mi sexo  volver a perderte el respeto.

A estas alturas deberias saberlo:
quererme es como andar descalza entre las brasas, 
dar tantos pasos sin quemarte, y de repente,
de repente todo el fuego.

Quererte a ti es  hacer de la vida una ruleta, 
jugar todas las fichas a un numero que en cada giro cambia,
apostar contra el destino
y lograr que por una vez no vuelva a ganar la banca.

Pero si te descalzas de tus miedos
yo dejo de revisarme los bolsillos,
si te desnudas de cualquier cordura,
y vacio el cenicero de mis dudas,
si de verdad echamos toda nuestra leña al juego,
vamos a conseguir que se ruborice el tiempo,
por vernos erroneos, incorrectos,
eternos
y felices.


Juegas?





Digamos que...

cuando sangras ginebra
Y lloras vino,
cuando avanzas en zig zag y sin zapatos de princesa;
cuando te escondes,
cuando sacas las garras,
cuando brindas con la muerte
y se sonroja.
Cuando eres el animal mas bello,
la vieja veinteañera,
la niña que usa por barbie una catrina,
cuando cierras los puños,
cuando te abres de piernas y te gusta,
cuando eres todas las tu que caben
en tu cuerpo de flaquita con curvas,
anda o no ande yo cerca de tis ansias,
no me queda mas remedio
que quererte un poco mas,
aunque no quiera.

Y quiero,
bendita/maldita maravilla
de vida en movimiento.

miércoles, 20 de junio de 2012




Domingo en Madrid






Hay días que no pasan,vuelan.
Y minutos que se eternizan
para escarcharnos la vida.
Hay mañanas que parecen ayer,
crepúsculos amaneciendo a mediodía.


Hay hombres durmiendo sin mujer
en la acera mas desolada de la vida,
cines que no proyectan sueños a las seis de la mañana
y muchachas tristes que bailan por la calles su alegría.

hay chinos somnolientos
que acorazan de latas de cerveza sus esquinas,
y vecinos sin nadie a quien ll(amar)
ni nadie que les ll(ame) que ll(aman) a la policía.

Hay mil canciones sonando en mi bolsillo,
y tesoros que caben en bolsas de basura,
una ciudad que duerme con envidia de puerto,
edificios repletos y vacíos de sueños,
y además,
tú y yo,
que nunca estaremos más despiertos