viernes, 17 de febrero de 2012

Empatar por goleada

Empatar por goleada


Tuve un tiempo en el que fui
un joven perdedor
con el pelo así de largo
dispuesto a calcinar
el pasto de las letras con mis textos incendiarios.
La vida era un partido con el árbitro comprado
y yo nunca pasaba de la mitad del campo
por miedo a meter
un gol sin querer
y después tener que celebrarlo.
Pasé bastante hambre
como indican los manuales del maldito
y conseguí algunas muchachas
que luego se marchaban
al ver que ni yo entendía mis escritos.

Tuve un tiempo en el que fui
un joven ganador
con el pelo así de largo
resuelto a rescatar
al mundo de su error
con mi fuego revolucionario.
La vida era un partido a todo nada
y yo tiraba siempre a porterí
aunque estuviera en los vestuarios
nunca acertaba
pero había que intentarlo.
Pasé un poco de hambre
y saltaba de un empleo al otro
conseguí algunas muchachas
que luego se marchaban
casi siempre con un rubio en una moto.


Tuve un tiempo en el que fui
un no tan joven ganador
con el pelo menos largo
empeñado en encajar
en el sistema y desde dentro cambiarlo.
La vida era un partido con revancha
yo jugaba en equipo,
copiaba los regates
y hasta que mis principios
me echaron de la cancha
metí unos cuantos goles que casi me cambiaron.
Ya no pasaba hambre
o acaso había perdido las ganas de comer.
Conseguí algunas muchachas
pero luego me marchaba
en busca de algo nuevo que perder.

Tuve un tiempo en el que fui
un maduro perdedor
(el pelo mejor no mencionarlo )
y escribía un libro y luego otro
aunque nadie quisiera publicarlos.
La vida era un partido que no televisaban
y yo pateaba novelas sin mirar
por el simple gusto de patear
por eso tardé bastante en darme cuenta
de que algunas entraban.
Ya no pasaba hambre
o acaso me había acostumbrado
conseguí algunas muchachas
pero siempre me marchaba
para ver salir el sol desde otro lado.

Ahora
tengo un tiempo
y no sé cuándo se acaba.
Paso más sed que hambre
me afeito la cabeza por las dudas
escribo sólo lo que me gusta
y a veces me pagan.
He aprendido que el verbo conseguir
no sirve para conjugar a una muchacha.
Y por suerte no me quiero ir
y por suerte tú no te has marchado.
La vida es un partido que vale un campeonato
y el rival tiene mi misma cara.
Pero voy a jugar hasta el final
desoyendo reglamentos
y silbatos.
Ya no quiero ganar
Ya no quiso perder
Ahora voy
a empatar
por goleada.

jueves, 16 de febrero de 2012

Bolero a 4 patas

Bolero a 4 patas

Tus fugas hacia dentro pero cerca,
mi verbo que te teme y te provoca,
la realidad ajena tras la puerta,
las penas que cayeron con la ropa.

Mis celos cuando besas la cachimba,
tus miedos, como venas de una rosa,
querer la eternidad y no pedirla,
el vino dibujándote la boca.

Tu culo respingón, tu cuello tallo,
los poemas que  te curvan las caderas,
todo lo que me dices cuando  callo,
tu sonrojo si te nombro mi pantera.

El tiempo que vendrá si lo traemos,
mis manos que te visten de caricias,
ese viaje a Paris que nos debemos,
tu coño, que es el jardín de las delicias,

Mi sístole bailando con tu diástole
("como dos locos bajo un chaparrón de gotas" )
tocarnos como un poema en braille,
este secreto que tanto se nos nota

El asombro de los otros, sus prejuicios,
Y este bolero a cuatro patas que nos brota
de un amor que es redención y vicio,
vencedores de todas las derrotas.

jueves, 2 de febrero de 2012

Testamento de dudas

I
¿Que será de estos textos míos, tan ajenos,
el día que ya no esté para nombrarlos?
¿Quién recogerá del suelo los versos
cuando se deshoje el tiempo que me toca?

¿Calcularán mis descendientes unos improbables beneficios,
o negarán toda relación con este trilero de poemas
que sólo quiso meter la mano y la palabra bajo las faldas de la vida?
(y alguna vez lo hizo)

¿Disputarán mis amantes la provocación de una estrofa,
olvidando que amar es repetirse a uno mismo?
¿Organizarán un congreso de despechos y perdones
con los pechos al aire y las copas y las piernas en alto?
¿Lamentarán haber entregado sus favores a un autor
más preocupado del misterio de unas ingles
que del devenir de  los mercados?

Por suerte no lo sabré. Por eso escribo. Por eso amo.

II
¿Y tú?
(sí, tú, ya sabes quién, y porqué te he vestido de poemas
aunque siempre te preferí desnunda y desafiante),
¿Sacarás de un cajon mis papeles amarillos
para tocarte donde nada más te toca,
soltarás una lágrima recóndita que te inunde de recuerdos,
o empañarás con un suspiro todos tus espejos?

Sólo confío en ti para burlarme de la muerte,
porque si me llega y te sigues econtrando en mis poemas,
por más años que pasen lijándote la risa,
no habré vivido en vano
no habré muerto del todo.

Y tal vez te ronde como un personaje de Jorge Amado,
para invadirte las noches, mientras crees que duermes,
y escribirte lo mismo entre las piernas, con amor de fantasma:
que estar vivo era esto, una baraja de letras que te nombran
salga la carta que salga,
una fiesta clandestina en un sótano a dos besos del cielo,
una botella que siempre estuvo medio llena,
y estas ganas de vivirte sorbo a sorbo,
sin controles del amor o la alcooholemia.

Estar vivo es esto que tengo contigo.
El resto, olvido.

Nos miran

Estos poemas felices que escribo para ti,
se los ponen a veces otras muchachas tristes,
transparentes en la soledad de sus pantallas.

Los  leen con las voces de amantes imposibles,
o les dan el tacto de un pasado imperfecto,
y los visten con lujosas ausencias tangibles.

Las hay, me informan, que quisieran detenerte,
provocadora de tanta desmesura a contraluz,
culpable del contagio de un amor inconveniente.

Y las que te odian, en ciertas noches invernales,
convencidas de que tienes algo que merecen:
estas palabras que te encuentran y te lamen.

Y mientras ellas nos leen y tú te lees al leerme,
la intimidad adquiere población de orgía,
y son tantas las manos que nos tocan.

No debería publicar esta otra forma de tenerte,
pero creo que disfrutas de sentirte desnuda,
abierta a las miradas que no acaban de verte.

Y cuanto más te excita la impudicia que temes,
más viva te sabes, más vulnerable y fuerte,
más libre de quedarte en mis manos, y mas mía eres.

Así que debemos esforzarnos, amante cómplice y furtiva.
Mientras creamos este mundo para dos contra la suerte,
entre estos versos tuyos que te esconden, ellas nos miran.

No sé cuánto



(Para la prima Isis
que lo rescató de mis mudanzas y olvidos)


No sé cuánto perdés,
y ganás tanto,
si emprendemos de la mano esta aventura,
de pelearle a la vida paso a paso
No sé cuánto perdés,
y ganás tanto,
si desato el nudo de tus penas
con la tijera de mis viejos desencantos,
y tiramos todo junto a la basura,
del olvido total o del pasado.

No sé cuánto perdemos,
y ganamos tanto,
si juntamos dos sonrisas extraviadas,
construimos la represa contra el llanto,
o animados por las dificultades,
nos trocamos,
dos en uno
y uno en tantos.

No sé cuánto perdés,
y ganás tanto,
si consigo despertar dentro de ti,
la epidemia que tus ojos desataron,
en mi espíritu cansado,
malherido,
en mi viejo soñador adormilado.

No sé cuánto he de perder,
y gano tanto,
si arriesgo, en esta apuesta todo el saldo,
para obtener,
hay que otorgar antes,
para ganar,
hay que perder un poco,
para ser feliz
hay que estar un poco loco.
Y de eso, vos sabés,
tengo bastante.


(Escribí este poema de amor “envenenado” de Benedetti hace 33 años,
y renegué de él durante 30. Ahora vuelve a gustarme.
¿Será que me voy haciendo joven?)