lunes, 26 de diciembre de 2011

Memorias circulares del hombre-peonza



Comencé a girar
con dos años y medio
a la hora de la siesta
cuando metí el brazo
hasta el hombro
en el sexo-volcán de un hormiguero
y no he dejado de girar desde esa siesta
en contra del sentido
de las agujas del reloj
un coriolis sin pasaporte
ni hemisferios.

Dicen que cuando giras
todo el tiempo
contra el tiempo
se pierden los detalles
pero no es cierto:
es la estela del detalle lo que tienes
espumas de un paisaje
comisuras de labios
que te llaman sin nombrarte
un huracán de pestañas
una mano que roza el movimiento
y poco más.

Porque el que gira
mas que perderse los momentos
los congela
y en la próxima vuelta
ya forman parte de su piel de madera.

Rotación y traslación
como la tierra
y al igual que el planeta
el hombre peonza
no pregunta porque gira
lo hace
y gana tiempo
mientras el tiempo se pierde
en cada giro.
No creas que el oficio de peonza
es cosa fácil
tiene sus riesgos
sus leyes
sus renuncias
a veces quieres quedarte en un aroma
y cuando vuelvas a pasar
ya no será mismo perfume.
Tenía razón el griego aquél que dijo
que no vuelves a cruzar el mismo río
sólo olvidó decir
que el agua nunca cambia
eres tú quién no vuelve
a ser el mismo.
Tampoco creas que tu eje
se mantiene estable
horadando la vida de los otros:
ser peonza es pasar
estar a solas
hablar con los espejos
y no estar casi nunca
de acuerdo con ellos.
No se elige girar
se gira
y punto
a los dos años y medio
a los cuarenta
o cuatro horas antes de palmarla
sólo giras
y vas
en este viaje circular y necio
que no empieza ni termina en punto cierto.

Yo no decidí ser esta peonza humana
sólo lo he sido
recopilando fragmentos de miradas
palabra
que acaban siempre en on
alguna lagrima que enseguida se despega
la duda de lo que hubiera podido ser
y no será

esta 
pregunta fija
que me impulsa 
a pensar qué debo hacer 
ahora que empiezo a girar
cada vez un poco
más lenta
men
te.


sábado, 24 de diciembre de 2011

Te traes

Te traes


Saber que andas por ahí
chiquita
comiéndote el mundo con esos ojos
que ya han visto demasiado.
Que no discutes con los pájaros
porque sabes que siempre tienen la razón
(hasta los buitres).
Y que tus piernas largas
dibujan signos de pregunta
que la vida se niega a responder.
Que duermes poco para no perderte nada
y sospechas que todo ocurre en el instante
en que descansas.
Que no les robas las monedas
a los ciegos de amor
ni les compras cupones de la ONCE
para no ganar con trampa.

Que has llorado lo justo y la injusticia.
Que te abres como se abre la mañana
cuando el día merece la alegría.
Que eres tímidamente temeraria
escandalosamente discreta
coherente hasta la contradicción
cometa subterráneo
volcán hecho de nubes
sangre que enciende fuegos
en lugar de apagarlos.

Saber que andas por ahí
chiquita
y que en algún parpadeo me tocas
o te tocas
sin analizar el precio de los besos
ni la cotización bursátil del deseo
hace que el día siga teniendo
el tacto de tus noches
y por lo tanto
me río en la cara de los calendarios
mientras las sábanas bailan
cuando no las veo
un tango feliz de bienvenida.

Y yo
bicéfalo al pensarte
sonrío a nadie
o sea a ti
que llegas y te traes
con esos ojos que ya han visto demasiado
y por suerte
no se cansan
todavía
de mirarme.

jueves, 22 de diciembre de 2011

Las despedidas

He conocido ya contigo una infinita variedad de despedidas.
(Esta manía mía de acompañarte hasta el anden,
solo para olvides que otro extremo del trayecto
no hay nadie que te entienda y te reciba.)

Te has  despedido con prisas,
con ebria euforia sin recato,
com besos para el escándalo de pasajeros que no saben que lo son,
con piquitos por si acaso,
te has despedido dejando en mi dedo medio tu sabor más profundo,
preocupada por lo que te espera en un pueblo al que no perteneces,
impaciente por llegar allí para volver a mi en un par de horas,
agobiada por problemas o secretos,
y creo recordar que una vez,
enfadada por no recuerdo bien qué exceso mío
que juré  no volvería a repetirse.

Y lo que me asombra
no es la versatilidad de nuestras despedidas,
sino que cada vez te digo adiós
como si te dijera "bienvenida".

Eso me gusta, porque es otra forma de tenerte,
cuando crees que te vas
y la parte de ti que no se rinde
 se queda conmigo.

Eso me gusta.
Pero por si acaso, vuelve.

martes, 20 de diciembre de 2011

Mis con-razones

Hace ya unos años, mi amigo Escandar Algeet, uno de esos poetas necesarios que modelan sus versos con las palabras de cada día, escribió un excelente texto llamado "Co-razones". Lo abría con un verso mío, soltado al azar, y al difundirlo, mencionaba mi nombre. Toda vez que Escandar tenia la costumbre de no firmar o hacerlo con pseudónimo, y que a partir de ese poema, Patty de Frutos realizó uno de sus vídeos mágicos, Co-razones alcanzó una extraordinaria difusión por la web, y una extraordinaria confusión, ya que mucha gente cree que es mío y así lo reproduce. Lo he aclarado miles de veces, en todos los espacios posibles, pero el texto se me sigue adjudicando. Nuestro común editor y amigo, Marcus Versus, tampoco sabe ya que hacer para aclarar el asunto, mas que nada por una cuestión de justicia básica.
Así es que, como la confusión sigue,aportemos algo a ella.
Aquí va mi propio con-razones, que seguramente no será tan bueno como el de Escan, que ademas de escribirlo antes, lo hizo de maravillas.

Pero no hay musa que se iguale a mi musa.




Mis con-razones

Es que no la conocéis, aunque la veáis pasar enamorando aceras
con ese moño de fotógrafa italiana que talla cada luz en su retina
y te la devuelve mejorada.

Es que no podéis saber cuántos brindis le caben en el cuerpo
ni ella sabe cuántas lagrimas le quedan, y por eso las regala.

Os conformáis con atisbar de reojo la amenaza par de sus pezones
o medir el largo interminable de sus piernas,
cuando lo que importa son sus pasos y hacia donde la llevan.

Es que no tenéis ni puta idea del poder que se siente
cuando me abraza dormida y se sabe en casa,
de la angustia acristalada cuando se queda pero se marcha,
de la caliente felicidad con que regresa, a derretir escarchas.

Es que no la habéis visto leer el diario e indignarse,
empañar con canciones tristes sus opacos ventanales,
o usar las gafas de sol cuando anochece,
para proteger de su mirada a los mortales.

Es que en su cuello podrían tatuarse, en espiral,
los poemas que explican mi verdad,
Y en su nuca caben, en tres signos tipográficos,
todas las palabras que jamás he pronunciado.

Es que cuando la maquina del mundo se detiene
y todo me sabe a error por repetir,
ella funciona.
Cuando me caigo en la trinchera que llevo años cavando,
ella sonríe y me levanta.

Cuando teme que el futuro pueda quedarle grande,
me llama y le hacemos un corte de mangas
y un tajo que va del ayer a su cadera,
que es donde empieza y termina la mañana.

Y aunque la hayáis tenido, espléndida y desnuda,
con ese galopar de felino desbocado,
si no os cambió la vida su manera de entregarse,
es que mirabais hacia el lado equivocado.

Es no la conocéis.
Es que por suerte, no acabo de aprenderla
ni la quiero descifrar.
Es que nunca sabré con cuál de ellas me acuesto
y con cuál me levanto,
pero disfruto tanto
de esta poligamia singular.

Es que no quiere hacerle daño a nadie
aunque la simplifiquen o lastimen.
Es que parece tan frágil y está hecha de acero inolvidable.

Se cree tímida, pero no sabe ni quiere estarse quieta.
Es que teme ser libre, pero no admite ataduras.
Salvo algunas noches,
cuando su espalda vuelve a ser montura
y me ofrece el animal mas bello del planeta.

Es que no podéis saber.
Es que no tenéis ni puta idea.
.
Como decía mi amigo Escandar Algeet,
hablando de otra musa,
entiendo que perdáis el culo por su culo,
o por su manera de ser como ella es,
sin condiciones.

Entiendo que queráis quererla.

Pero yo la quiero
por muchas más razones.

lunes, 19 de diciembre de 2011

A eso

A tierra fértil
recién besada
por la llovizna.

A planta marina
de un mar en el que
los sueños no se hunden.

A sutil especia oriental
que no esconde los sabores
y siempre los mejora.

A mineral precioso
frutal y blanda piedra
que late y se estremece.

A miel salada y dulce
el vino de un río subterráneo
que felizmente me emborracha.

A hembra que siempre será joven 
mientras recuerde
que son alas sus piernas.

A ciudad que amanece inaugurada
tras cada noche que ha gozado
sin dormir.

A un cuadro de klimt
pintado por Modigliani
mientras Lautrec se tocaba.

A un poema feliz de Alfonsina
entre  las olas ( si Alfonsina
hubiera sabido ser feliz).

A zumo de nube blanca
a pez de humo de hachís
a  rosa de carne inmortal
a pétalo bañado de regaliz
a manantial que hierve
a perfume de la vida.

A sonrisa 
que podría ser herida
pero no.


A todo eso

saben y huelen
tu coño y tu alma

y quiero seguir 
devorándote
los dos.