jueves, 31 de marzo de 2011

El lunes, en Clamores

Esta noche, y por internet en www.lahojaenblanco.es

El genio de la multitud, Charles Bukowski

EL GENIO DE LA MULTITUD

Hay suficiente traición y odio,
violencia.
Necedad en el ser humano
corriente
como para abastecer cualquier ejercito o cualquier jornada.
Y los mejores asesinos son aquellos
que predican en su contra.
Y los que mejor odian son aquellos
que predican amor.
Y los que mejor luchan en la guerra
son -al final- aquellos que
predican
paz.
Aquellos que hablan de Dios.
Necesitan a Dios
Aquellos que predican paz
No tienen paz.
Aquellos que predican amor
No tienen amor.
Cuidado con los predicadores
cuidado con los que saben.
Cuidado con
Aquellos que
Están siempre
Leyendo
Libros.
Cuidado con aquellos que detestan
la pobreza o están orgullosos de ella.
Cuidado con aquellos de alabanza rápida
pues necesitan que se les alabe a cambio.
Cuidado con aquellos que censuran con rapidez:
tienen miedo de lo que
no conocen.
Cuidado con aquellos que buscan constantes
multitudes; no son nada
solos.
Cuidado con
El hombre corriente
Con la mujer corriente
Cuidado con su amor.
Su amor es corriente, busca
lo corriente.
Pero es un genio al odiar
es lo suficientemente genial
al odiar como para matarte, como para matar
a cualquiera.
Al no querer la soledad
al no entender la soledad
intentarán destruir
cualquier cosa
que difiera
de lo suyo.
Al no ser capaces
de crear arte
no entenderán
el arte.
Considerarán su fracaso
como creadores
sólo como un fracaso
del mundo.
Al no ser capaces de amar plenamente
creerán que tu amor es
incompleto
y entonces te
odiarán.
Y su odio será perfecto
como un diamante resplandeciente
como una navaja
como una montaña
como un tigre
como cicuta
Su mejor
ARTE.

lunes, 28 de marzo de 2011

Texto de un SMS que no te envié por falta de saldo

No sé cómo lo haces
eso que haces
de convertir una siesta en una fiesta
un despertar en ceremonia de ternuras
y una tarde domingo
en un picnic sin hormigas.

No sé cómo lo haces
eso que le haces
al tiempo para que pierda la gomina
estire las horas y baile en las agendas
mientras bailas sobre mí
tu danza de sirena.

No sé cómo lo haces
eso que me hace
creer otra vez en los milagros
y rezar desafiante entre tus piernas
a un dios que luce esa sonrisa
promisoria y satisfecha.

No sé cómo lo haces
eso que haces
al fumar besos con forma de trompeta
acariciar la noche porque la noche es gata
y estirarte de modo que conviertes
un bostezo en el pasado de un gemido.

No sé cómo lo haces
eso que nos haces
cuando desnuda te sonrojan mis piropos
te enroscas como una hiedra tierna
echas a la lavadora mis corazas
o fabricas mermeladas con tus penas.

No sé cómo los haces
eso que haces
                     pero
                            no
                               dejes
                                      de hacerlo
                                                     nunca.

(Del libro inedito "Empatar por goleada")

sábado, 26 de marzo de 2011

Telas


Las calles sudan sudores  de verano
aunque la gente todavía
mordisquea sus bufandas.

Las almohadas saben lo que olvido
antes de que yo llegue a saberlo.

Los pañuelos de verdad
como los contratos que importan
nunca son de papel.
El foulard de seda o sucedáneo
que usé para atarte aquella noche
me amarra a ti desde entonces
y no recordaba que los nudos fueran tan consistentes.

La mortaja,
si aún se usa cuando muera
que no me la escojan a lunares ni con rombos
y desde luego
prohibo que lleve un estampado
con la esfinge cabezona y delatora
del jodido pollo piolín.

Seré vulgar y previsible al admitir
que siento celos de todos y cada uno
de tus tangas.
Y algunas noches lloro sin lágrimas
por aquel  abrigo negro que acabe por regalar
porque me recordaba que nunca mas cumpliré
los treinta años.

No es el metal lo que perdura
no es la roca 
no es el árbol.
La historia de mis pasos
se escribe en las telas que me envuelven o acompañan
en la memoria cuadriculada
de sus telares
en la camisa que fue mi camisa de la suerte
en la loneta que forraba el sombrero salafkof
que me dejo por herencia
junto con la calvicie
mi abuelo antonio
en los miles de gorros de lana que he perdido
en las cortinas que olvido correr
cuando amanece
en las alfombras que algunas noches vuelan
y otras no
y
por supuesto
en tus sábanas

(del libro inédito "Empatar por goleada"