jueves, 4 de septiembre de 2008

Reseña de Antonio Martínez Asensio en Antena 3 noticias







Ya solo el hecho de plantear una novela negra en un camping nudista tiene su punto. Efectivamente, no hay mucho sitio para guardar la pistola. Porque tiene que haber pistola, claro. Y es que en el territorio de la novela negra conviven ya demasiadas cosas, para mi gusto: cabe casi todo mientras haya un perdedor y una pistola por medio.

Esta novela contiene historias de asesinos a sueldos, de amores imposibles, de iniciaciones, de padres y familias rotas, tiene nostalgia, humor, violencia, sexo, y nos habla también de la muerte y de la condición humana. Hay un poco de todo, y como en la buena mesa, a veces los ingredientes no se notan, porque están bien ligados por un buen cocinero, y Carlos Salem tiene una voz propia, sin duda y sabe hacerlo (aunque se prodiga poco). Texto completo en http://blogs.antena3.com/tiempodesilencio/entry/matar_y_guardar_la_ropa


Antonio Martínez Asensio

Antonio Martínez Asensio nació en Madrid en 1964. Estudió Filología Hispánica en la Universidad Autónoma de Madrid y empezó muy pronto a trabajar en el mundo de la televisión: en TVE, en Tele 5 y en Canal+, así como en varias productoras independientes. Ha desarrollado una labor de crítico literario en la radio como colaborador en varios programas. Ha escrito guiones para series de televisión y para el cine. Es subdirector del programa dirigido por Isabel Gemio en Onda Cero, "Te doy mi palabra", donde también presenta la sección literaria de los domingos. Ha publicado un ensayo en clave de humor titulado ¡Mi mujer está embarazada! (Grand Guignol Ediciones), que va a ser traducido al italiano y que quiere ser una guía del embarazo para los padres (y no para las madres). Va a publicar próximamente su primera novela, En soledad.

sábado, 30 de agosto de 2008

Reseña de El Pescador de demonios, por Elia Barceló





(No hace mucho me refería a Steve Redwood y su novela El pescador de demonios, con la sana intención de colgar en breve en este blog una reseña de la misma. Pero después de ller la que ha escrito toda una autoridad en el asunto, como Elia Barceló, comprendí que lo mejor que podía hacer era aceptar mis limitaciones y reproducir la suya. Aquí va)

El pescador de demonios, Steve Redwood

Trad. Frank Schleper. El Tercer Nombre, Madrid, 2008. 383 pp. 19 €

Elia Barceló
La editorial El Tercer Nombre, que comenzó su andadura en 2004 y ya lleva más de cincuenta títulos publicados, nos ofrece ahora con El pescador de demonios, de Steve Redwood, la traducción al español de Fisher of Devils, novela que en el año de su publicación en Gran Bretaña (2003), fue nominada al prestigioso British Fantasy Award, que por fin ganó China Mieville con Iron Council.
No conozco la novela de Mieville, pero me atrevo a decir que si ganó debió de ser por cuestión de gustos de los miembros del jurado, ya que El pescador de demonios es una magnífica novela, tan plena, tan variada y tan rica en registros y emociones que puedo recomendarla a todo tipo de lector aunque, por supuesto, cuanto más sentido del humor tenga ese lector y más interés por los mitos fundacionales de la religión cristiana, más disfrutará de su lectura.
La historia que narra Steve Redwood no es precisamente modesta: comienza con la Creación y termina un poco después del Apocalipsis, un Apocalipsis muy especial. Sus escenarios son el jardín del Eden, el Infierno, el Limbo y el Cielo, con un par de paradas en la Estación de Tránsito. Sus protagonistas son Dios, Satán, San Pedro, Adán, Eva, la serpiente y su mujer, la Virgen María, los principales arcángeles y los principales demonios, más un par de santos y varios personajes infernales.
Y, a pesar de que después de esta enumeración, uno puede pensar que la novela tiene que ser una especie de delirio sin pies ni cabeza, no lo es en absoluto. Es una obra coherente, intensa, divertida y tierna, muy tierna, en la que el lector se identifica con muchos de los personajes, que son profundamente humanos, incluso los ángeles y los demonios.
Hace muchos años, cuando se publicó La saga/fuga de J.B., de Gonzalo Torrente Ballester, creo que fue Carmen Martín Gaite la que dijo en su reseña que la novela era «un gran disparate, considerando el disparate como género literario». En ese sentido, también la novela de Redwood lo es, enfatizando tanto el «disparate» como el «grande». Por eso es imprescindible el sentido del humor para leerla y disfrutarla como se merece.
A lo largo de la obra vamos viendo cómo la creación de Dios —que es uno entre muchos de los Dioses Nebulosos y, como todos ellos, presenta sus creaciones en las convenciones divinas e incluso ha ganado un premio por sus diseños— se va estropeando, al principio por culpa de Adán, que resulta ser un pelmazo, siempre descontento, y luego por la intervención de cada vez más humanos en los asuntos celestes (todos los santos que van llegando al Cielo, después de su muerte en este mundo). Aunque tampoco hay que olvidar los problemas que surgen primero por la rebelión de Lucifer y luego por los turbios manejos del Arcángel San Miguel —un fundamentalista y reaccionario de armas tomar—.
El hilo conductor de la novela, después de la primera parte en el Edén, en la que se sientan las bases y se presentan muchos de los personajes principales, es la visita de San Pedro al Infierno con una misión secreta, destinada a impedir el inminente Apocalipsis. Aquí, en la segunda parte, Redwood nos lleva de viaje por el Infierno, que es un planeta yermo y abrasador, donde convive una población autóctona —los sagarrines— con los ángeles caídos y los condenados, y nos hace asistir a manejos y conjuras políticos que reconocemos de inmediato como alegoría de nuestro propio mundo, a trepidantes escenas de combates en los que San Jorge —el del dragón— brilla por su valor y su absoluta estupidez–, rocambolescas y divertidísimas intrigas, problemas cada vez más acuciantes que afectarán a la creación entera.
Pero donde más brilla Steve Redwood, junto con sus magníficas descripciones, es en la creación de personajes: su Satán es, en mi opinión, el mejor desde Milton, a quien debe no poco. Desde su primera aparición en el Edén, como ángel caído —un ser torturado, ennegrecido, con las alas rotas, que conoce a Eva por casualidad y se enamora perdidamente—, lo vemos como Señor del Infierno —fanfarrón, intrigante, con toques de tirano de cualquier república bananera— y, poco a poco, como amigo leal, como ser destrozado por la nostalgia de lo perdido, como enamorado casi sin esperanza, dispuesto a recuperar lo que una vez fue suyo.
Pero si Satán es un personaje redondo y pleno, Eva es un lujo para cualquier lectora. Raras veces se encuentran descripciones de una mujer tan hermosas y entregadas como las que hace Redwood de la madre de la humanidad.
Cuando asistimos al nacimiento de Eva, leemos:
«Dios había destilado de la bruta fuerza física de los músculos de Adán el conmovedor poder de la belleza: la delicada curva de la nuca, los esbeltos brazos con apenas una sombra de pelo y una corriente sumergida de tímidas venas recorriéndolos, el elegante movimiento de cintura y cadera, los rizados arpegios del vello del vientre, las frescas y lánguidas cadencias de muslo y pierna. Una nueva clase de belleza. Una nueva clase de armonía. Una nueva clase de poder».
Y, al contemplar a la nueva criatura, el arcángel San Rafael dice:
«es como si Dios mismo se hubiera quedado atrapado dentro de ella, o al menos una parte de él, y ahora estuviera llorando por no conseguir escapar.»
Pero Eva no sólo es bella. Mi fragmento favorito, el que da la medida del concepto que nos presenta Redwood de la diferencia entre el hombre y la mujer, es el siguiente:
«Y luego quedaban sólo unos ojos perplejos, pero tranquilos, de un ser vivo que ve la vida por primera vez.
—Hola —dijo Eva—. ¿Quién eres?
Y Dios tuvo que sonreir porque Adán había preguntado —igual que Lucifer mucho tiempo antes—: ¿Quién soy?»
La traducción, de Frank Schleper, es buena, aunque no siempre acaba de alcanzar ni la gracia del original en los pasajes divertidos —cosa que es notoriamente difícil, si no imposible, cuando se trata de sutiles juegos de palabras o pequeñas variaciones de frases hechas— ni la musicalidad y la magia de los líricos, pero se nota la atención y el cariño que ha puesto en su trabajo, y el resultado se lee con agrado y fuidez.
Lo que sí debería plantearse urgentemente la editorial es la contratación de un buen profesional en corrección de estilo porque, desgraciadamente, hay bastantes erratas e incluso a veces pequeños fallos que nos resultan desconcertantes, como cuando en la página 349 leemos que había «dos demonios, dos santos, y dos demonios», lo que deja claro que el corrector no ha acabado de enterarse de que se trata de dos especies diferentes (“devils” y “demons” en original), y no parece fallo del traductor, que en otras ocasiones ha demostrado dominar perfectamente las diferencias.
No queda más que agradecer a la editorial la perspicacia de haber hecho accesible al público español esta novela, y al autor el haber escrito una obra original, atrevida, iconoclasta, que nos hace a un tiempo reflexionar y reir, que nos deja con un excelente sabor de boca y con muchas ganas de seguir leyendo novelas suyas. ¿Para cuándo otra, Steve?

Elia Barceló
Cursó los estudios de Filología Anglogermánica en la ciudad de Valencia en 1979 y Filología Hispánica en la Universidad de Innsbruck,Austria en 1995, obteniendo el doctorado en esta última. Ahora reside en Áustria dónde escribe desde 1981 y donde es profesora de literatura hispánica.

Es una de las tres escritoras más importantes, en lengua castellana, del género de la ciencia-ficción, junto con la argentina Angélica Gorodischer y la cubana Daína Chaviano, junto a quienes integra lo que se ha denominado "la trinidad femenina de la ciencia-ficción en Hispanoamérica".

Parte de su obra ha sido traducida al francés, al italiano, al catalán y al esperanto. Desde 1997 escribe también para los más jóvenes.

Premios [editar]

* Premio Ignotus de ciencia ficción en 1991
* Premio EDEBÉ de literatura juvenil en 1997 y 2006
* Premio Internacional de novela corta de ciencia ficción de la Universidad Politécnica de Cataluña 1993.

Obras más destacadas [editar]

* Sagrada. Ediciones B, Barcelona, 1989.
* Consecuencias Naturales. Madrid, 1994
* El mundo de Yarek, premio UPC 1993, Barcelona, 1994. Editorial Lengua de Trapo
* El caso del Artista Cruel, premio Edebé, 1998.
* La mano de Fatma, 2001.
* El vuelo del hipogrifo, 2002. Editorial Lengua de Trapo
* El caso del crimen de la ópera, 2002.
* El secreto del orfebre, 2003. Editorial Lengua de Trapo
* Disfraces terribles. Barcelona, 2004. Editorial Lengua de Trapo
* El contrincante, 2004.
* Cordeluna, premio Edebé, 2007.
* Corazón de Tango, 2007. Editorial 451 Editores

viernes, 29 de agosto de 2008

Los héroes nunca fueron lo que eran (I)

(Sección dedicada al Tigre Oyola, fan, como yo, de las historietas de super héroes)

Tantos años creyendo que eran ejemplo de rectirud moral y todo eso, media infancia agarrándote a trompadas con los que decían que Batman y Robin eran más que amigos, y que por algo Superman nunca le daba un supermeneo a la Lois Lane; tanto tiempo pregonando que lo de las mallas ajustadas era para tener más facilidad de movimiento frente a los super villanos... para descubrir que uno estaba equivocado.
(La mayoría de las portadas están sacadas de
www.superdickery.com, una página dedicada a las rarezas de los héroes)


Creo que han borrado los bocadillos del original, pero me dice gente que sabe más inglés que yo (no es difícil), que los textos seguían dando miedo...




Puede que todo empezará aquí, junto a este lago, y que la culpa, como siempre sospechamos, fuera de Robin. Atención a las caritas de Bruce y Clark, que hablan por sí solas...




Otro que bien baila. El poderoso Thor ofreciendo a los niños ¿"quieres tocar mi martillo?".... Sin palabras. ya no se puede confiar ni en los dioses del Olimpo.



¿Qué es lo que el gigante, de espaldas, muestra a los niños que los miran con asombro? Al menos en la portada tienen el detalle de advertir que son historias para audultos...



Ya he dicho que mi inglés es casi inexistente. Pero aún así, y tras consultar, el texto original de esta viñeta o deja dudas: cada oveja con su pareja...

Dentro de unos días,más...

jueves, 28 de agosto de 2008

Los cuentos del huevo izquierdo


(Foto Guadalupe Alonso)


Un lunar con forma de estrella


Estoy harto de majaras. Se me pegan sin previo aviso y la naturalidad con que asumo sus delirios me preocupa, a veces. Cuando estoy sobrio. Me preocupa pocas veces.
Entra esa mujer y los clientes contienen el aliento Hay mucha gente hoy porque tocará alguna banda de jazz con muchas ganas pero poco talento. Se sienta a mi lado. Pide un whisky y me dice:
—No pienso follar contigo. Eres un canalla.
Va a empezar. Estoy harto de majaras. De verdad. Pero ha dicho “canalla”. No ha dicho mamón, maldito cabrón, jodido hijo de puta, o definición parecida. Una mujer que dice canalla frunciendo así los labios, tiene algo de reina. Aunque esté loca.
Lleva un vestido rojo y el amarillo de su pelo en un sol de bote pero le sienta muy bien. La tela roja ciñe su cuerpo y no le sobra nada. El escote podría servir de escenario para la actuación de un coro de pueblo, pero dudo que nadie prestara atención a las voces ni a la melodía. Lola me asesina con la mirada pero nunca dirá nada. Nadie es de nadie y yo soy nadie.
—Eso es lo que eres: un canalla. Y ni sueñes en llevarme al servicio de este bar y romperme las bragas y hacérmelo contra los azulejos. Ni lo sueñes—. insiste ella.
—Llevo siglos sin soñar —informo—. Y sin romper bragas.
—No intentes liarme con tus tretas de poeta. He leído tu libro.
—No esperes que te felicite.
Se remueve en el taburete y el movimiento agita su cuerpo. Joder. Necesito otra cerveza.
Busco las cerillas en el bolsillo y las arrojo sobre la barra.
Cuento. Diez. Diez es par. Par es sí. Joder.
—La sexta, Poe —contabiliza Lola mientras me alcanza mi Maohu.
—No te hagas el apático —dice la rubia—. Sé que eres un maldito canalla. Con el cuento del escritor te dedicabas a engañar jovencitas ingenuas para tirártelas.
No discuto. Hace tiempo que sospecho lo mismo, pero entonces era tan idiota que pensaba lo contrario. Hasta que empecé a caer. Aún estoy en ello.
—“Pájaros de amor pegados en los azulejos y en los cuerpos”— declama con tono burlón. A mí también me suena muy cursi—. Menuda chorrada. ¿Te suena el nombre de Daniela? Tenía dieciéis años, hace unos siete..., delgada, cintura estrecha, caderas generosas, un lunar con forma de estrella en la teta izquierda...
Lo del lunar con forma de estrella sí que me suena de algo. Hubo un tiempo en que me interesó la astronomía. Luego dejó de interesarme todo.
La mujer abre su bolso, espia el contenido, comprueba que todavía lleva lo que busca y sigue hablando. Por algún motivo el bolso me parece muy pesado para ser tan pequeño.
La banda se prepara y antes del primer acorde se que atacarán con una versión de La chica de Ipanema. Atacar es el verbo adecuado.
—El taller literario. ¿Recuerdas? Daniela era sensible y tierna, llena de ideas y ganas de escribir. Y llevaba tu libro a todas partes. Su poema preferido era el de los azulejos, decía que dentro de la brutalidad de tus descripciones, había mucha dulzura...
Un lunar con forma de estrella en la teta izquierda. Diez cerillas y es un sí. Joder. Estoy harto de los majaras. La rubia se acerca y ya va por el tercer whisky sin soltar el bolso que pesa demasiado. Tiene un cuerpo de pecado y aunque intenta ser vulgar no puede ocultar que tiene clase. Y un pecho impresionante. Dos.
—Daniela hizo de todo para conocerte, y en cuanto supo del taller literario, se apuntó sin dudarlo. Decía que tu decisión de hacer las reuniones en un bar era un rasgo de autenticidad. JA.
No me gusta esto. Ella se acerca más en cada frase y las cerillas han dicho sí y el bolso entreabierto es una fea promesa. Recuerdo un lunar pero no en una teta.
—Daniela hizo lo posible por destacar, por llamar tu atención. Tenía una fotocopia de una foto tuya de una revista, ampliada y pegada sobre su cama.
—No es para tanto. Hay gente que tiene la foto de Michael Jackson.
—No juegues al cínico conmigo, Poe. ¿Así te llaman ahora, verdad? Me costó encontrarte, nadie sabía de tí y no pensé que hubieras caído tan bajo. Pero te encontré. Cuando una tiene una misión, acaba por cumplirla.
Mete la mano en el bolso pero se arrepiente. No es el momento.
Bebemos un rato en silencio. Varios moscones se acercan a ella pero los espanta con una mirada de desdén.
—Daniela estaba obsesionada por ese poema. Una guarrada más, un listo describiendo cómo se tira a una tía en el baño de un bar. Pero ella se lo sabía de memoria y siempre lo recitaba. Pero tú sólo tenías ojos para esa jodida cría calva… Una noche, la última noche que fue a tu asqueroso taller literario, no lo soportó más y se coló en el baño detrás de ti, se desnudó para ofrecerse, y tú la rechazaste.
Veo un desfile de baños y azulejos, estrellas que brillan en tetas izquierdas, y el humo de unos ojos que no consigo recordar. Eso fue antes de caer el todo, y desde entonces he oído varios cracs y muy pocos clics. Uno puede seguir tirando cuando oye un clic de vez en cuando. Pero cuando todo son cracs, sólo puede dejarse caer.
El local se anima y sólo veo la mano dentro del bolso. Termino mi cerveza. Las cerillas pares te arruinan la vida, porque significan “sí” y contra eso no se puede hacer mucho.
—Vamos —le digo y tomo su mano.
Nos mezclamos entre la gente que sigue el ritmo con la cabeza o con sus vasos. Lola ha quedado atrás. Entramos a los servicios. El Flautista loco mira su flauta extrañado. Sólo consigue tocar cuando se sienta en el váter y entonces sopla maravillas. Pero esta noche la flauta sigue muda. Me mira un momento y sale.
—Daniela...—dice ella.
La empujo sin violencia hacia una de las puertas. Busca con la mano en el bolso pequeño y pesado. La abrazo por detrás pero no se resiste. Le muerdo el cuello y gime. Mis manos caminan por su cuerpo, se meten debajo del vestido rojo, aferran sus caderas como si fueran asas de un ánfora llena de un líquido caliente y volátil. Encuentro las tiras del tanga y al sentir la presión se revuelve contra mí. Tiro hasta romperlas y la tela resbala hacia abajo. Juego con dedos en su sexo y está húmeda. Otra mano recoge el vestido rojo, acaricia su vientre y sube hasta el pecho. También bajo los tirantes y enrollo el vestido en su cintura. No lleva sujetador. No lo necesita.
—Daniela... dice otra vez pero se interrumpe.
Entran un par de clientes a descargar para hacer sitio para más cerveza. Hablan a tropezones pero comentan lo buena que está la rubia de la barra y que no se explican cómo pierde el tiempo con el borracho de Poe. Yo no pierdo el tiempo y buscó en mi pantalón y entro. Los tíos se van y nuestros gemidos rebotan en los azulejos del baño. Ni siquiera era un buen poema, no sé por qué a todas les causa el mismo efecto. La rubia colabora, gobierna con la cara contra los azulejos, ataca y vuelve, parece no advertir que su cabeza golpea contra la pared al volver. Todo es brumoso y ruin, todo es brillante. Sigo hasta estallar y un poco más, mientras ella se sacude. Y cuando salgo, suspira y recupera la decisión. Se vuelve con la mano dentro del bolso y ya no me importa.
—¿Por qué? —pregunta.
—¿Por qué no?
—¿Por qué ahora y no entonces, cuando Daniela...?
—Porque era una chiquilla tierna, porque hasta yo tengo mis principios, y, seguramente, porque estaría muy borracho. Además, el baño de aquél bar donde nos reuníamos, era muy cutre.
Me mira a los ojos y me sorprende que tenga unas ojeras nuevas, de sexo, y ese brillo en los ojos. Se baja el vestido. Antes se subir la parte superior, se exhibe. En la teta izquierda tiene un bonito lunar con forma de estrella.
—Llevo tiempo buscándote —dice mientras mantiene la mano en el bolso—. Tengo algo para ti.
Cierro los ojos. No vale. Quiero verlo venir. Los abro.
Saca un sobre que contiene un tarjetón de color sepia. Es una invitación para la boda de una tal Daniela López con un tal Orlando Sanz. Es un tarjetón caro, como la sala de fiestas donde se celebrará la fiesta.
—He podido olvidarte, canalla. He conocido a un chico bueno y sensible y me caso el sábado.
—Ya.
—¿Irás? —pregunta.
—No lo sé. ¿Habrá buena bebida?
—La mejor y en cantidad. Yo misma me ocupé de elegir el menú y la sala. Además, tiene unos baños impresionantes.
Se arregla el vestido y se marcha, como una reina.
Fumo un cigarrillo sentado en el inodoro.
Estoy harto de los majaras. De verdad.
Salgo al bar y eludo la mirada de Lola.
Busco la puerta de la calle y me siento en la acera.
Necesito mirar las estrellas.

domingo, 24 de agosto de 2008

Crítica de David G. Panadero

Matar y guardar la ropa. Carlos Salem. Salto de Página.

Todo ocurre por algún motivo.

Por David G. Panadero.

Cuando un escritor se enfrasca en la solitaria actividad de escribir una novela, lo hace porque tiene algo que contar, una historia que contar. Pero hay casos en los que el escritor parece tener muchas, muchísimas pequeñas historias que contar, plasmando en ellas sus vivencias, su forma de ver el mundo… Y así sucede con Carlos Salem en Matar y guardar la ropa. No caeremos en el atrevimiento de decir que se trata de una historia coral, que no lo es. De hecho, el autor plantea una historia que se sigue perfectamente, con planteamiento, nudo, lista de sospechosos y desenlace. Sin embargo –y aquí hemos de hacer todo el énfasis que sea necesario–, quien se quede con la sucesión de acontecimientos, quien siga la trama tal cual es, sin duda se estará perdiendo las deliciosas carreteras secundarias que plantea el autor, en las que, a menudo, aporta una pequeña enseñanza, plantea alguna duda, o al menos retrata alguna situación vital de indudable interés.
No olvidemos que Carlos Salem se está labrando una trayectoria de prestigio; su novela de debut, Camino de ida, ha sido reconocida con el galardón Memorial Silvero Cañada en la Semana Negra de 2008, y ello se debe a su gran calado psicológico, la habilidad para retratar y reconocer situaciones humanas, siempre con el sentido del humor –pelín canalla– por delante.
Respecto a Matar y guardar la ropa, El asesino a sueldo Número Tres es destinado a un camping nudista de Murcia. Se sabe que alguien debe morir; ¿pero quién? En un delicioso juego de azar que dejaría perplejo al mismísimo Paul Auster, las diferentes personas que han desempeñado un papel importante en la vida de Número Tres van apareciendo por el camping para disfrutar de unas tranquilas –¿hemos dicho tranquilas?– vacaciones. Su ex mujer pasaba por allí, al igual que el nuevo novio de ésta, un juez estrella infalible. Y al igual que el inolvidable amigo de la infancia…
Carlos Salem maneja la trama con habilidad, sorteándola de pequeños giros, regalándonos una prosa llena de fibra donde no hay palabras de más. Es imposible resistirse al contagio de diversión con que está escrita la obra, en la que, como decíamos, pasa revista a las diversas situaciones de la vida. En palabras de Arturo García Ramos, en ABCD, “Las virtudes de este narrador residen en buena medida en su vena irónica, en su visión paródica de la vida corriente sometida al más puro disparate”.
Todas estas reflexiones nos podrían llevar a señalar un rasgo muy llamativo de la obra: quizás, mirada a fondo, no pretenda ser una novela negra, en el sentido tradicional, con el poso realista que habitualmente se ha otorgado al género. Salem parece encontrarse más a gusto estableciendo estas metáforas vitales, desde las cuales reflexionar sobre las relaciones: esos hijos que se sienten decepcionados por sus padres; esos maridos que achacan el paso del tiempo, conservando poco de lo que fueron en otros tiempos… En Matar y guardar la ropa no hay espacio para las casualidades. “En las novelas, como en la realidad, todo ocurre por algún motivo”

(David G.Panadero es periodista, editor, crítico y escritor, no necesariamente en ese orden. Entre muchas otras tareas, es el director y alma mater de "Prótesis", publicación dedicada al crímen". Es, también, un experto en novela negra de los que sabe cuántos cafés se tomaba Marlowe en "El largo adiós", y además analiza el porqué, y uno de los tipos cuya crítica de mi segunda novela más temía,no por que tenga mala leche, sino porque sabe y mucho... UF! hubo suerte. Gracias, David)