
(Arranque de la novela inédita "Rayos X" )
1
Era una planicie enorme, lisa y salpicada de piedras minúsculas que rodaban bajo mis pies y me daban la sensación de que resbalaría en cualquier momento. Visto de cerca, el suelo gris tenía rayitas, apenas onduladas y sin continuidad.
Era una planicie enorme, lisa y salpicada de piedras minúsculas que rodaban bajo mis pies y me daban la sensación de que resbalaría en cualquier momento. Visto de cerca, el suelo gris tenía rayitas, apenas onduladas y sin continuidad.
Toqué y estaba frío. Me gustó el frío.
Dejé que las piedrecillas rodaran bajo mi mano y apreté. Dolió. Un poco. Y cuando me miré la mano, tenía un dibujo de marcas rojas y algunas piedrecillas.
Presté atención, esperando un sonido de alarma, un grito exasperado. Pero no. Muy lejano, se oía un sonido metalizado, y más cerca, un gruñido animal que se me antojó amenazador. Avancé hacia el gruñido y me sorprendió el cambio de temperatura y de luz. La planicie gris se había vuelto casi blanca y cuando toqué la superficie, estaba caliente. Quemaba y me gustó.
Pese a la soledad, estaba todavía en el mundo conocido. Aunque estaba vacío, deshabitado. Y pensé que eso era una ventaja, porque podría ir más allá, hacia el gruñido. Avancé tratando de no mirar hacia el costado, aunque todo estaba tan lejos, perdido en la llanura, que era como si no existiera. Tuve un poco de miedo pero seguí avanzando. El ruido metálico estaba más cerca, pero era una aproximación perezosa. La llanura tenía fin, después de todo, y en ese momento recordé que lo sabía, que debería saberlo.
Presté atención, esperando un sonido de alarma, un grito exasperado. Pero no. Muy lejano, se oía un sonido metalizado, y más cerca, un gruñido animal que se me antojó amenazador. Avancé hacia el gruñido y me sorprendió el cambio de temperatura y de luz. La planicie gris se había vuelto casi blanca y cuando toqué la superficie, estaba caliente. Quemaba y me gustó.
Pese a la soledad, estaba todavía en el mundo conocido. Aunque estaba vacío, deshabitado. Y pensé que eso era una ventaja, porque podría ir más allá, hacia el gruñido. Avancé tratando de no mirar hacia el costado, aunque todo estaba tan lejos, perdido en la llanura, que era como si no existiera. Tuve un poco de miedo pero seguí avanzando. El ruido metálico estaba más cerca, pero era una aproximación perezosa. La llanura tenía fin, después de todo, y en ese momento recordé que lo sabía, que debería saberlo.
De pronto, la superficie lisa y gris era irregular, marrón y floja.
Me agaché y toqué. Estaba tibio y se pintaba en la mano. Me gustó.
El gruñido sonaba más fuerte y el sonido metálico también. Pero todo seguía desierto y era mío. Pisé la superficie y sentí la sensación acolchada, jugué con ella. Más allá, algo se movía, aunque no podía verlo. Después de todo, no estaba solo, y eso me enfureció. Me acerqué al movimiento pero no lo veía bien, porque era muy tenue. Lo seguí hasta el origen, un lugar que estaba más alto que el resto, y que me recodaba algo que había visto en la tele. Un lugar elevado en punta y con un agujero arriba, del que salían cosas rojas, como si rodaran. La gente se asustaba y huía, en la tele, de las cosas rojas. Pero eran tan pequeñas que no tuve miedo. Quería saber de donde venían.
El secreto estaba en el agujero, lo supe.
Y el gruñido era más fuerte y el ruido metálico estaba más cerca. Dudé.
Pero tenía que hacerlo, quería ver más. Busqué el agujero y metí la mano, el brazo entero. No ocurrió nada.
De pronto, dolor, miles de dolores, todos los dolores. Saqué el brazo, cubierto de cosas rojas y se oyó un grito, mi grito, que cruzó la llanura y se mezcló con el gruñido desatado y el sonido metálico a mi lado y las voces de el Viejo rompiendo el aire mientras se lamentaba en lugar de quitarme las hormigas del brazo, más preocupado por hacer callar al perro que ladraba al ciclista que pasaba, mientras juraba que era la última vez que me dejaba a la sombra del patio a la hora de la siesta, que iba a dormir quisiera o no, pues sólo tenía dos años y no me mandaba sólo.
Y ese fue mi primer hormiguero.
Y ese fue mi primer hormiguero.

















